ELLE KURTZ, DEVIN
Ember siempre ha sido distinto a los demás dragones. Su rugido más potente suena casi como un estornudo discreto y cuando emana fuego, los aldeanos simplemente le acarician la cabeza y exclaman: «¡Ohhh!».Ember cree que nunca podrá conseguir un buen botín de oro, pero un encuentro casual con una panadera hace que su suerte cambie (y que su barriga empiece a gruñir). Como el dragoncito irá descubriendo, el oro que elaboras es muuucho mejor que el oro que robas. ¿Y el oro compartido ¡Ese es el mejor de todos!